Mucho leer, mucho leer... ¿pa qué? Luego resulta que los buenos modales brillan por su ausencia. Me senté al lado de esta muchacha que siempre que paso por ahí está leyendo y muy educadamente le di las buenas tardes. Ninguna contestación por su parte. Luego me interesé por su lectura y como si nada. Quiero confiar en la bondad de la raza humana así que pensé que lo mismo era sorda y le toqué el libro y le empecé a hacer gestos y es que ni me miró. Indignado me levanté y me fuí, no sin antes despedirme, que no me voy yo a poner a su (escasa) altura moral.
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